Performance de poesía erótica que conjuga un puesta en escena de poesía y música.

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sábado, 27 de marzo de 2010

Yira, yira

Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera...
(Antonio Machado)


Me dió vueltas la vida
Será que saqué tantas sortijas
que el carrousel no dejó de girar por mucho tiempo
y me mareé.

Ahora no sé de que lado estoy,
si bajarme del pegaso
o subirme en el avión.

Te busqué andando contra el mecanismo
y creo que tu andabas buscándome también,
pero en sentido contrario.

Esperemos a que el guarda se duerma
y paremos la calesita
para poder bajarnos de esta rueda loca
y encontrarnos en la paz
del que mira desde fuera...

...pero que, al fin y al cabo,
es quien decide
cuando quiere volverse a subir.



 

domingo, 24 de enero de 2010

Es bajo esta luz...



Con la juventud doliéndome en la piel,
vestida de antiguo luto
y un flamante rimel profanando mis mejillas,
te vi por primera vez pero sin verte…

Tanteando el mundo desde mi ingenua guarida,
descubrí en ti al hombre,
lo admiré, y por dejarme encandilar
te creí inalcanzable…

Ahora es el momento en que, acortando las distancias,
nos reconocemos sin velos
entregándonos al más puro de los verbos,
que seguro es el amor…

Ven, acércate y concédele una tregua a tu guerrero
que es bajo esta luz que quiero amarte,
inventarnos nuestro propio mantra
y cantarle a esta pasión…

¿Qué si temo? ¿Acaso no lo sabes?
Tengo un vértigo absoluto,
pero déjame confiar en cuánto un hombre puede amar una mujer
y viceversa…


sábado, 16 de enero de 2010

Desvelos



"Yo no soy el cuerpo, no soy mis emociones, no soy mis pensamientos. Soy el testigo que lo observa todo, y nada de ello es la realidad".

José Saramago escribió un libro titulado “Ensayo sobre la ceguera” que, si bien, está catalogado como un libro de ficción, creo que no difiere mucho de la realidad.
Cuando uno no ve es porque le falta luz y yo sospecho que la humanidad padece una epidemia de ceguera muy particular. Es como si la mayoría de las personas fueran errantes y a ciegas, a pesar de que en el cielo brille un sol espléndido, porque su propia vida está cubierta por oscuras nubes que no dejan pasar la claridad. Seres cuyos ojos están cubiertos por un suave velo de ignorancia.
Los velos son las ilusiones, es decir, lo que a mí me gustaría que fuera que, lamentablemente, muchas veces dista mucho de lo que es o de lo que podría ser.
Pero no hay que confundir ilusión con sueños… no. Son dos cosas completamente diferentes. Los sueños podrían compararse a los deseos y estos son el motor que nos va empujando hacia adelante. Pero, entre éstos y las posibilidades reales de concretarlos, es en donde aparecen las ilusiones. Capas y capas de velos que nos impiden ver las cosas tal y como son.
Creemos saber la verdad, creemos verla, afirmamos, sentenciamos y en base a ello, actuamos y, apoyados en nuestra ignorancia, avanzamos inexorablemente hacia el abismo del infierno.
Dice Daisaku Ikeda:
“La mayoría de las personas no se cuestionan si la esencia de sus creencias son buenas o malas y ahí mismo está la raíz de la infelicidad”.
Cada uno de nosotros poseemos nuestros propios velos, nuestras propias ilusiones. A veces llegamos a ser conscientes de ellos pero, por costumbre, por tendencias difíciles de erradicar, no queremos verlos. Y, a su vez, es a través de esos mismos velos que miramos a los demás y la diferencia es tan grande como ver un paisaje alumbrado por la luz de la luna y el mismo paisaje iluminado por la luz del sol.
Pero si somos capaces de cuestionarnos, si somos capaces de creer que es posible que exista otra realidad que no es a la que estamos acostumbrados, la que nos enseñaron, la que aprendimos, puede que, con las preguntas, vayamos quitando uno a uno, los velos que no nos dejan ver las cosas tal cual son. Y puede, también, que, de tanto buscar las respuestas, un día nos despertemos y digamos “eureka”, pero si esto era así ¿cómo no lo había visto antes?
No lo había visto antes porque no quería, porque cuestionar el suelo que estamos pisando, aunque éste esté a punto de derrumbarse, da miedo. Da miedo porque, como no sabemos, pensamos que debajo de ese suelo puede que no haya nada, que no exista otro. Sí, también se puede pensar que, tal vez, exista otro y sea mejor, pero… ¿y si no lo es? Y comenzamos a construir excusas para esconder el temor y tapar la ignorancia. Y, como dice Alan Watts
: “Se puede ir construyendo algo cada vez más alto, pero pronto olvidaremos donde empezamos, para a continuación ver que, en realidad, siempre estamos en el mismo sitio; siempre esperando algo, siempre pensando que será la próxima vez. Esto es, claro está, una ilusión eterna”… Y agrega:
“Somos seres que existen bajo condiciones de ilusión, que imaginan controlar su propio destino, que piensan que son capaces de mejorarse, y en virtud de dicha ilusión se destruyen rápidamente de una forma interesante. Supongamos que eso es lo que somos, pero todavía estamos en la cuestión de que gastamos una enorme cantidad de energía en hacer cosas que no pueden hacerse. Si lo encuentran frustrante, si realmente no les gusta, no tienen que hacerlo; pueden parar. Resulta una interesante paradoja el que cuando paramos de hacer lo que no puede hacerse, nos sentimos más felices y con más energía.”
¡Y es verdad! Cuando paramos de hacer lo que no puede hacerse y que nos empeñábamos en hacer que sucediera, nos sentimos mas libres y empezamos a tomar conciencia de que las causas esenciales de nuestros problemas radican en nuestra propia vida, dentro de nosotros. Y eso nos libera, porque podemos aliviar nosotros mismos nuestros sufrimientos, asumiendo la total responsabilidad sobre ellos. Porque cuando uno descubre que, de esta manera, puede decidir sobre su propio destino, es cuando encuentra la tan ansiada luz al final del túnel que es la que le va a permitir ver a través del velo de la ilusión.
Uno mismo lo sabe, uno mismo puede reconocer sus propios velos o buscar a alguien para que no lo deje dormirse en el sueño de la ilusión.
En este caso, a mi me desvelaste tú…


martes, 12 de enero de 2010

Donde empezó todo


¿Qué mirábamos con esos ojos?
¿Hacia donde voló nuestra inocencia?
¿Con qué soñábamos?… cuando nos atrevíamos a hacerlo sin límites,
con las espaldas libres y el horizonte limpio.

A punto de salir corriendo a comerse la vida.
Quererlo todo, probarlo todo, atreverse a todo.
Con la osadía de creernos inmortales
y ajenos al tiempo…

Volver allí…
Reconocer mis sueños (al menos uno)
¡Qué no daría por hacerlo
antes de que la vida acabe por comerme a mí!

Y que me encierren por loca.
Por utópica, por ilusa.
Por ser la Juana de Arco
de los sueños de mi infancia...


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